Paradigma ya está aquí

Industrias de la política, de la educación, la sanidad, la cultura, transporte, turismo, finanzas y demás. ¿No lo veis? ¿No lo oís? Es “paradigma” y viene a cambiaros. Sí chicos, se acabó vuestro tiempo, ya habéis disfrutado, amortizado y estirado hasta el límite vuestra revolución industrial. Ahora, nuevos vientos nos traen una nueva revolución. Unos la llaman “la revolución del “manufacturing”, otros de la “información”, yo la llamaría “la revolución de los users”, del “pueblo del siglo XXI”.

Este cambio de sistema y de época al que estamos asistiendo, me recuerda al clásico enfrentamiento entre las generaciones de los mayores y la de los jóvenes. Los mayores se escandalizan de los jóvenes, los jóvenes de los mayores. Y así generación tras generación, revolución tras revolución.

Las viejas industrias “analógicas” se escandalizan de las nuevas industrias “digitales”. Los unos reniegan de sus formas de “adolescentes” mal educados, los otros se quejan por no entender su lenguage y no quieren utilizar sus herramientas carrinclonas porque no son táctiles, no son digitales.

Durante estos últimos siete años trabajando en el mundillo de la educación en España, Europa y Estados Unidos, he comprobado como esta industria, aglutinada por colegios, universidades, editoriales, gobiernos, etc, se resiste a cambiar. Anclada como modelo en los siglos XIX y XX, y al igual que la industria de la música y su vinilo, el negocio de la educación se aferra a la pizarra, al libro o al “pdf” (que califica de interactivo) mientras traga agua y pierde pie. La política, una industria más, también se afana en frenar lo inevitable. Para ellos el cambio es sinonimo de “perdida de control” y eso no es bueno para sus votos o ambiciones profesionales. En lugar de invertir en innovación educativa y abordar los graves problemas culturales de este país, ahí los tienes tocando las últimas notas de su requiem, mientras se hunde este Titanic de paja y humo.

Es siempre la suma de intereses y el cortoplacismo lo que impide el desarrollo y la innovación en la mayoría de sectores. Asistimos también a las luchas de poderes entre las industrias del petroleo y las ecológicas. Pero lo que más me apasiona es descubrir como están surgiendo nuevos “Davides”, dispuestos a derribar a todos estos “Goliats” paquidermicos.

Steve Jobs, dinamitó en menos de dos años la industria de la música. La unión mortifera de su iPod y la de su iTunes, dieron la respuesta de un plumazo al “hacia dónde vamos” de las discográficas. Ahora, otros miles de “Davides” de todo el mundo comienzan a hacer girar sus hondas. Ha empezado una guerra silenciosa entre ciudadanos e industrias. Ciudadanos que han unido su “micro-poder” y se están organizando ante semejante autismo, desorientación e involución de gobiernos e industrias. Armados de plataformas digitales, aplicaciones “DIY” ( Do it Yourself), moviles o portátiles, comienzan a actuar por su cuenta, a su manera y con unas nuevas leyes. Como “Air-bnb”, una plataforma donde gente de todo el mundo, que en muchos casos no llegan a fin de mes, alquilan sus pisos o habitaciones a precios más asequibles que los hoteles. Hoy podemos compartir, alquilar lo que no usamos, aprovechar lo que otros ponen a tu disposición a precios de un nuevo mercado. Compartir conocimiento, cosas que no usamos o información, es ahora la nueva divisa.

“Air-bnb” ha sido demandada por la justicia de NewYork. La industria hostelera se revuelve porque les ha surgido una nueva y enorme competencia virtual. Y sí, todos tenemos que actuar en un marco legal, pero las revoluciones traen consigo nuevas reglas de juego. Es el caso de las nuevas startup “Lift” o “Sidecar”, donde ciudadanos se ofrecen de “taxistas” para llevarte al aeropuerto con sus coches privados, a la mitad de precio que las tarifas standard. Con un golpe de clic en su app, te localizan estés donde estés y te recoge un turismo con su distintivo tan particular, unos cuernos tejanos rosas en el morro del coche. Es impresionante como plataformas como “Linkedin” o “e-dreams” por mencionar una, se han llevado por delante las clásicas agencias de head hunting o de viajes.

airbnb

LiftEl “Micro-poder” del ciudadano, es la suma de cientos de miles, millones de usuarios que unen su micro-poder digital para generar tsunamis de concienciación, de activismo, de tendencia, de opinión. Las “Primaveras Arabes”, movilizadas a través de Twitter o Facebook, derrocaron, en todo el norte de Africa, un gobierno detrás de otro, en un efecto dominó. Y nuevas Primaveras están por venir, mientras muchos Otoños pierden sus hojas para siempre.

Merece la pena que lo desarrolle más a fondo en otro post, el caso de las finanzas, pero así, de aperitivo, cabe decir que tuve el grato placer de ser testigo, primero de forma embrionaria en Barcelona y luego en Silicon, del nacimiento de otra nueva revolución que traerá cola; la revolución financiera. Un nuevo modelo de banca que creas, con una app de movil, con amigos o personas de confianza. La aplicación se llama Puddle. Al abrir el banco se ponen las reglas (intereses, penalizaciones, plazos, etc), los socios depositan un dinero y comienzan a pedir crédito y al mismo tiempo a ahorrar. Acudiendo a estos “bancos entre amigos”, los apretujones de finde mes o esas sorpresas de última hora, dejan de ser una agonía al tener acceso inmediato a esos 2.000 o 3.000 euros de tu propio banco. Y se de buenas fuentes, como los bancos empiezan a temblar ante semejantes modelos ancestrales que, hoy digitalizados, apuntan como se moverá la economía del siglo XXI.

Usuarios uniendo su micro-poder y utilizando su “inteligencia colectiva”. Y la vuelta a la “manufacturación” como contrapartida realista y sostenible a la producción masiva en cadena. De la revolución industrial a la revolución del “manufacturing”. Hoy, miles de startups como el caso de “Square”, diseñan in house e imprimen en 3D tiradas limitadas de sus prototipos para testar con usuarios e ir modificando y optimizando su producto hasta conseguir la más alta satisfacción de sus usuarios.
El modelo “Lean Startup” se aplica ya a la mayoría de casos donde la prueba-error de un producto se mide minuto a minuto, día a día, gracias a producciones controladas, flexibles e infinitamente mas baratas. “Square” creó los primeros dispositivos acoplables al movil, para poder cobrar pasando la tarjeta de crédito.

square

Hace unos meses me quedé atónito cuando salió la noticia de que un abogado, aficionado a las armas, había diseñado e impreso en silicona, su propia pistola. En un video de Youtube salía este hombre de unos treintas, realizando pruebas de tiro con su pistola de plástico. Inmediatamente su archivo corría por la red y miles de personas se imprimían esta pistola a un coste ridículo. El gobierno norteamericano, alarmado, dictaminó que la pistola era ilegal porque podía colarse por los arcos de seguridad de los aeropuertos. El abogado, reaccionó sin demora sustituyendo en su arma una pequeña pieza de plástico por una de metal.

plasticGun

Ya somos parte de un movimiento donde encontraremos todo tipo de iniciativas productivas, absurdas o abominables. Google es imprescindible en nuestro día a día, pero es un monstruo al que vigilar de cerca porque dominará y controlará toda la información de este planeta y alguno más. Pero este movimiento es imparable. (interesantes sus predicciones sobre el futuro)

Nos hacemos grandes. Cada vez nos sentimos más “Pros” con todas estas herramientas para construir, diseñar, edificar a nuestro modo nuestras propias soluciones. Somos nuestros propios productos y en la red social podemos conseguir que miles, millones de usuarios nos sigan. Somos prescriptores y con nuestros “fans” además nos convertimos en canales. Es la revolución de los usuarios, del pueblo, de los jóvenes. Y por suerte ya no hace falta asaltar “Bastillas” a golpe de adoquines ni protestar delante de ministerios, ni andar detrás de nadie para que te hagan caso.

Los usuarios proponen y actuan colectivamente. Y las ciudades se convierten en estados, se hacen “inteligentes”, autosuficientes. Analistas internacionales auguran una vuelta al campo cuando la especulación tecnológica pinche. Es el regreso a lo artesanal, pero con toda la información, recursos y herramientas para, esta vez, tener la sartén por el mango.

La burbúja tecnológica reventará pronto, todo se pondrá en su sitio, reposará. Pero los usuarios, la comunidad, serán los protagonistas de este nuevo y necesario cambio de paradigma.

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