CLIK, CLIK SAN FRANCISCO

8am de la mañana. Estreno las calles de San Francisco. Me dirijo por la 3a hacia St.Market para coger el “Bart”, el metro de la ciudad. Llego a la esquina con Market y al torcer a la derecha, (clik) me topo contra un ejercito de obreros del downtown que salen en manadas de la boca del metro, y van poco a poco rellenando las hasta ahora vacías calles y rascacielos del corazón de San Fran. Todos visten “casual”, vaqueros, deportivas y el tradicional “packback de ciclista”, los trajes contrastan, las corbatas son marcianas, los andares marciales. Yo, como si fuera un madrugador más, ando a contra corriente mientras trato de catalogar las caras de estas personas anónimas que rondan los veintitantos-treinta y tantos y le dan ese especial toque juvenil a San Paco.

(Clik) Este tiene toda la pinta de ser “coder”, está más pálido que Iniesta. (Clik) Esta parece más repelentilla, será “UX” (Clik) Este que va demasiado repeinado, con gafas de concha y barbita recortada pierde aceite y trabaja de “PR” en una startup. Entro en el Subway. Espero a que llegue mi “Bart” dirección Pittsburgh, que casualidad, ¿Será una premonición? En el tren nos juntamos decenas de razas, olores, colores, religiones yendo a trabajar soñolientos como un martes más. En cada vagón algún homeless o excluído de la sociedad duerme a pierna suelta ocupando dos butacas. Nadie le llama la atención, nadie le ve. El conductor va por megafonía avisando cansadamente de las paradas, cada día que pasa les entiendo más, el primer día era como escuchar el zumbido de un abejorro. Bajo en Rockridge, ya estoy en Oackland. He quedado en una cafetería cerca de la estación con un “Edu Strategic advisor” que me han recomendado en Ideo. (Clik) Oakland ya no es San Francisco, estas a las afueras, y la pobreza se hace más patente. “Hot Chocolate please”. Diez minutos de espera y preparación del pitch y el tablet. Reunión de una hora.

Vuelvo a San Fran. (Clik) Tres coches de la policía y un par de “cops” in black deteniendo en la puerta de la estación a un chaval de color de no más de quince años que se deja arrastrar esposado y cabizbajo. Un poli le introduce en el coche y le acompaña la cabeza para que no se de con el marco, el compañero se quita mientras los guantes de látex azules, ya no tocará más al detenido. Me bajo en “Embarcadero”, ya estoy de nuevo en Market, he vuelto al bullicio financiero. Esperas en el semáforo para cruzar. En frente docenas de humanos esperan a cruzarse contigo. (Clik) Me cruzo con un viejo budista sin pierna, viste un manto ocre chillón y collares de cuentas de madera que tintinean al ritmo de las muletas,¿A qué templo budista irá este, aquí todos tienen 70 pisos de altura?. (Clik) Un homeless pide limosna en frente de una terraza repleta de americano-asiático-africanos que comen despreocupada y alegremente montañas de comida aparcada en bandejas y vasos de plástico blancos.(Clik) Un accidente de tráfico, también, cómo en Spain, hacen sus papeles sobre el capó civilizadamente. (Clik)

Esta semana toca convención de “Gaming”, decenas de desarrolladores, diseñadores, estartaperos y demás satélites, van de aquí a allá con sus “badges” gigantes colgando, como signo de distinción y de clase. No se los quitan ni para dormir. El centro es un hervidero de feriantes, conferenciantes, vendedores, emprendedores, (homeless), curritos, secretarias, comerciales, y algún que otro como yo aspirante a algún puesto, pasando desapercibido. Ya estoy delante del ordenador, por la ventana controlo todos los movimientos de los vecinos. Soy James Stewart en la “ventana indiscreta”, pero no ando en silla de ruedas, sino en butaca de estartapero.